En Colombia, el acceso a la electricidad continúa siendo una realidad desigual. Mientras en las ciudades el servicio suele darse por sentado, en algunas zonas rurales el aislamiento geográfico y la falta de infraestructura mantienen a comunidades enteras con un suministro limitado.

De acuerdo con el Plan Indicativo de Expansión de Cobertura (PIEC) de la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME), cerca de 1,32 millones de hogares presentan déficit de energía y más del 80 % de ellos se encuentran en áreas rurales.
Frente a esta problemática, Volvo Cars, marca representada por Astara en Colombia, avanza en una nueva etapa del #RetoIluminaColombia 2.0, iniciativa que busca darle una segunda vida a las baterías utilizadas en sus vehículos electrificados. En lugar de ser descartadas una vez terminan su ciclo en los automóviles, estos componentes son repotenciados para convertirse en sistemas de almacenamiento de energía solar destinados a comunidades rurales.
El proyecto demuestra así que la transición hacia la movilidad eléctrica puede tener aplicaciones que van más allá del transporte y convertirse en una oportunidad para aprovechar tecnologías existentes en otros escenarios.
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Volvo De impulsar vehículos a almacenar energía solar
La primera etapa del proyecto se desarrolló en 2025, cuando las mujeres de la ecoaldea Nashira, en el Valle del Cauca, se convirtieron en las primeras beneficiarias de esta solución. La instalación permitió que la cocina comunitaria pudiera operar con mayor estabilidad energética.
La segunda etapa amplía el alcance de la iniciativa hacia dos nuevos espacios con necesidades de acceso a la energía. Uno de ellos es la Institución Educativa de Desarrollo Rural La Selva, ubicada en Ginebra, Valle del Cauca, donde 30 estudiantes de primaria se benefician de la disponibilidad de energía. El otro corresponde al comedor comunitario de Tienda Nueva, en Palmira, que brinda alimentación a más de 50 personas.
En estos lugares, contar con electricidad estable tiene implicaciones que van mucho más allá de mantener encendida una bombilla. La energía permite estudiar durante la noche, conservar alimentos, fortalecer procesos de seguridad alimentaria y generar nuevas oportunidades para las comunidades.
Para Alberto Telch, brand manager de Volvo Cars Colombia, el proyecto representa una manera de convertir los principios de la marca en acciones concretas.
“En un mercado muy competitivo, no sacrificamos nuestra visión de marca. Cuidamos a las personas y queremos avanzar hacia una movilidad segura y sostenible; no es solo un principio: son acciones concretas que hoy vuelven a hacerse visibles”.
La segunda vida de las baterías Volvo
Uno de los elementos centrales del proyecto es precisamente el aprovechamiento de las baterías que ya no cumplen con las condiciones necesarias para impulsar un vehículo. Su ciclo de vida no termina necesariamente cuando dejan de utilizarse en un automóvil, ya que pueden conservar capacidades que resultan útiles para aplicaciones estacionarias.
Volvo trabaja en este proceso junto con Dynamo, aliado encargado de acompañar la implementación de los sistemas y los procesos de apropiación comunitaria. La iniciativa contempla capacitación y fortalecimiento del liderazgo local para que las propias comunidades puedan administrar las soluciones energéticas y contribuir a su continuidad.
Nicolás Olarte, gerente de Posventa de Volvo Cars Colombia, explicó la lógica detrás de este modelo de reutilización.
“Entendimos que una batería no muere cuando deja de impulsar un vehículo, sino que aún puede convertirse en una solución real para otras personas”.
El directivo agregó que, junto con un aliado estratégico, las baterías fueron reestructuradas para almacenar energía solar de manera eficiente y segura, con el propósito de llevar un suministro más estable a territorios rurales.
Este enfoque introduce además un componente de economía circular dentro de la movilidad eléctrica, al prolongar la utilidad de uno de los elementos más relevantes de los vehículos electrificados.
Energía para estudiar, alimentarse y permanecer
La propuesta no se limita a instalar equipos. El objetivo es que la energía se convierta en una herramienta para atender necesidades concretas de las comunidades. En una escuela, por ejemplo, puede significar mejores condiciones para el aprendizaje; en un comedor comunitario, mayor capacidad para conservar alimentos y desarrollar sus actividades; y en los hogares, más posibilidades de contar con iluminación y servicios básicos.
Ángela Bolívar, gerente de Mercadeo de Volvo Cars Colombia, señaló que llevar energía estable a estos territorios representa una apuesta que trasciende la tecnología.
“Es una apuesta para construir país desde la marca. La transformación de una sociedad se logra a partir de la solución de sus problemas fundamentales”.
La iniciativa también busca visibilizar las diferencias en el acceso a la electricidad mediante contenidos que contrastan las experiencias de quienes cuentan con este servicio de manera permanente con las de quienes enfrentan interrupciones o ausencia de energía.
Bajo el concepto “El espejo de la luz”, el proyecto reúne testimonios de comunidades rurales y voces reconocidas, mientras que la serie “Retrato de la Luz” contará las historias de las personas beneficiadas y los cambios generados por la llegada de energía limpia.
De esta manera, el #RetoIluminaColombia 2.0 plantea una conexión entre dos escenarios que normalmente parecen distantes: la movilidad eléctrica y las necesidades energéticas del campo colombiano. Una batería que alguna vez fue utilizada para mover un vehículo puede ahora almacenar energía solar para mantener encendida una escuela, apoyar un comedor comunitario o mejorar las condiciones de vida de una comunidad rural.
La propuesta muestra que la electrificación del transporte también puede abrir nuevas posibilidades de reutilización tecnológica y que la transición energética puede tener impactos que van más allá de las carreteras, llegando a territorios donde el acceso a la electricidad continúa siendo uno de los principales desafíos para el desarrollo.
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